Entrenar para mi "yo" del futuro: Por qué solté la báscula y abracé la fuerza

abril 08, 2026

 

ACTITUD VILLANUEVA ENTRENAR PARA MI FUTURO


Hola mis queridos amigos, bienvenidos a mi blog nuevamente. Hoy quiero hablarles desde un lugar muy real. No desde la teoría ni desde lo perfecto, sino desde lo que estoy viviendo ahora mismo.

Todo este proceso de salud por el que he pasado en los últimos meses me ha obligado a detenerme, a observarme con honestidad y a hacerme preguntas incómodas sobre mi cuerpo, mis hábitos, mi historia y, sobre todo, mi futuro.

El mito de la "salud natural"

Durante mi adolescencia y juventud siempre fui muy delgada. Incluso después de tener a mi hijo, llegué a estar más delgada que cuando tenía 15 años, así que nunca sentí la necesidad de cuidarme realmente. No me preocupaba por la alimentación ni por tener una rutina de ejercicio estructurada; me gustaba bailar y eso era suficiente. Mi trabajo me mantenía activa entre ensayos, escenarios y presentaciones. Mi cuerpo respondía bien, sin que yo tuviera que pensar demasiado en él.

Al llegar a mis veintitantos, casi alcanzando los 30, mi estilo de vida cambió y mi cuerpo también. Empecé a “embarnecer”, como decimos en México, pero todo se mantenía dentro de lo manejable. Sin embargo, cuando entré a la industria del entretenimiento, recibí mi primer  golpe a mi realidad. Lo primero que me dijeron fue que tenía que pasar por cirugía estética: lipo, botox, busto… como si fuera parte del paquete obligatorio de ser artista.

Recuerdo perfectamente pensar: “¿De verdad estoy tan mal?”. Pero gracias a Dios, siempre he sido una mujer segura de mí misma. Me gustaba quien era, con mis imperfecciones y todo, así que decidí no hacerlo. Seguí siendo yo y, durante mucho tiempo, manejé mi cuerpo y mi peso y con un poco de baile todo volvía a su lugar.

Cuando el cuerpo dejó de pedir y empezó a exigir

Al llegar a los 40, todo cambió de una forma que no vi venir. Mis hormonas empezaron a descontrolarse; comenzaron sangrados muy fuertes que poco a poco debilitaron mi cuerpo hasta llevarme a un agotamiento extremo. Había días en los que no podía subir escaleras sin quedarme sin aire. 

Al principio no entendía qué pasaba. En una primera consulta médica, la respuesta que recibí fue casi descartable: "Es estrés y ansiedad; nada que unas pastillas para relajarte y dormir mejor no solucionen". Pero no era suficiente. Mi cuerpo seguía hablando, cada vez más fuerte: aumento de peso, calambres, insomnio constante, mareos y un cansancio inexplicable. Incluso llegue a pensar que estaba entrando a la menopausia.  Finalmente, tras estudios completos, llegó la respuesta: hipotiroidismo, anemia severa y asomándose ya la resistencia a la insulina.

Mi reacción fue de incredulidad. No entendía cómo era posible, siempre fui muy sana. Pero la respuesta médica fue tan clara como incómoda: creciste y no te preparaste para eso. Pero Gracias a Dios, estamos Justo a Tiempo de cambiarlo todo. 


"Piensa en la fuerza, no en el peso"

Hoy estoy en tratamiento con tres especialistas —endocrinología, hematología y ginecología— y he tenido la suerte de encontrar médicos muy pacientes, que me ayudan a salir adelante. Aun así, hay días difíciles; días en los que me miro al espejo y veo una versión de mí más hinchada y cansada, y no puedo evitar pensar que quizá pude haber hecho las cosas diferentes.

Mi alimentación nunca fue buena; siempre fui muy selectiva para comer. Una nutrióloga una vez me dijo, entre risas, que era "como un bebé" para comer, y tenía razón. Hoy me toca hacerme responsable de eso, sin culpas, pero con conciencia.

En medio de este proceso, mi doctora Andrea, me dijo algo que agradezco mucho: que dejara de pensar en la báscula y empezara a pensar en la fuerza. Que mi motivación no debía ser verme mejor, sino sentirme mejor. Entendí que la fuerza no es solo algo que se ve, es algo que se vive en lo cotidiano: es poder moverte sin dolor y recuperar funciones básicas que damos por hechas hasta que las perdemos.

Mis pequeñas victorias de 10 minutos

Hoy mi realidad es distinta. No tengo rutinas de dos horas ni estoy bailando como antes. Estoy caminando. Empecé con 10 minutos y hoy logro 30; para mí, eso es un avance enorme. Tal vez para alguien más sea poco, pero cuando vienes de no poder dar unos pasos sin sentir que te vas a desmayar, cada minuto cuenta.

He aprendido a valorar el poder estirarme sin dolor o incluso me gusta sentir mi respiración. Algo tan natural, lo se, pero la verdad, extrañaba sentirme Yo misma.  La movilidad dejó de ser una obligación y se convirtió en un regalo. También he hecho las paces con la comida: poco a poco incorporo verduras y frutas todos los días. Sigo teniendo luchas con los antojos, mis chocolates y el pan me hacen ojitos todo el tiempo, pero cuando me siento tentada, recuerdo cómo me sentía hace unos meses y eso me ayuda a seguir firme.


Mi verdadero objetivo

Hablamos mucho de amor propio, pero pocas veces aterrizamos lo que realmente implica. Amarnos no es solo aceptarnos frente al espejo; es cuidarnos, alimentarnos bien y atendernos a tiempo. Sin salud y sin energía, es muy difícil sostener cualquier otra área de la vida.

Hoy me miro al espejo y, aunque veo cambios, también veo avance. Veo a una mujer que está haciendo lo necesario para estar mejor, no solo hoy, sino para el futuro. Los comentarios externos ya no tienen peso, porque solo yo sé lo que estoy reconstruyendo.

No estoy entrenando mi cuerpo para una talla, ni para una foto, ni para cumplir expectativas. Estoy entrenando para mi "yo" del futuro. Quiero llegar a esa etapa de adultez,  con la mayor fuerza, movilidad y calidad de vida posible. Ese es ahora mi verdadero objetivo.

¿Y tú? ¿Alguna vez has sentido que tu cuerpo te envía o enviaba señales que no querías escuchar? Me encantaría que me cuentes en los comentarios si también has tenido que replantearte tus prioridades de salud. ¡Acompáñame en este camino de reconstrucción para no sentirme tan sola!

Besos y que la Actitud nunca se baje. 

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